viernes, 1 de enero de 2016

Trabajo y disciplina

Antorcha nº 10, enero de 2001


Los ideólogos de la burguesía se empeñan en mezclar los conceptos de trabajo y trabajo asalariado. Esto es así porque pretenden hacernos creer que el único trabajo posible es el asalariado, que quien está en contra del trabajo asalariado está en contra del trabajo. Defienden que el modo de producción capitalista es ya inmutable, que se ha convertido en el modo de producción por antonomasia.

En realidad, los modos de producción son tan sólo las formas históricas de realizar un trabajo. Las formas y medios de producción varían a lo largo de la historia dando lugar a distintas relaciones de producción. La base económica es la que determina la superestructura política, ideológica y social en cada momento. Esta es la concepción materialista de la historia. La única que nos permite el estudio científico de las relaciones humanas. Trabajo y trabajo asalariado no son sinónimos. El trabajo que realiza un agricultor para sí mismo, el que hace un esclavo para su amo, el de los siervos de la gleba y el de los asalariados, son todos ellos trabajo, pero se diferencian por las distintas relaciones de producción en que se da cada uno. El trabajo por el que un sastre confecciona un traje y el trabajo por el que un grupo de hiladores, cortadores, tejedores... confeccionan ese mismo traje demuestra que un mismo trabajo puede ser individual o colectivo. El trabajo de un agricultor que sólo dispone de un arado y aperos rudimentarios y el trabajo de plantaciones con maquinaria y abonos nos muestra que el mismo trabajo puede ser realizado con distintos medios de producción. Cada una de estas formas de trabajo suponen modos, medios y relaciones de producción diferentes e históricamente determinadas. Lo único que tienen en común es que son trabajo (sin "apellidos").

El trabajo es uno de los pilares del materialismo histórico. Si renunciamos a investigar cómo se ha producido en cada etapa; por qué se ha producido de esa forma y no de otra; qué repercusiones políticas, económicas y sociales ha ocasionado ese modo de producción ¿Cómo analizar entonces la historia?

Sin la base material de la producción, la historia se convierte en una amalgama de actos y fechas sin sentido o con el sentido que quieran darle los personajes de turno. El análisis marxista de la historia nos demuestra que los modos y relaciones de producción han cambiado a lo largo del tiempo. Todo sistema productivo (incluido, claro está, el capitalista) tiene un origen y un fin que viene dado por las condiciones físicas objetivas en las que tiene lugar. Los sistemas productivos cambian, pero la necesidad de trabajar permanece.

Una consecuencia de las leyes de producción es la necesidad de un orden y disciplina natural en el trabajo. Esto significa que cualquier actividad productiva que realicemos, hasta la más simple, debe seguir ciertas pautas. Cada paso debe estar en el orden adecuado, se debe utilizar la intensidad precisa, las materias primas y medios de producción adecuados... No puede empezarse la casa por el tejado, ni plantar la simiente fuera de la estación propicia, etc. Todo productor está sujeto a un orden y disciplina natural que se escapa de su propia voluntad y que le viene impuesto por las condiciones naturales en las que se ve obligado a producir.

En la medida que el trabajo se convierte en una actividad social en la que de forma voluntaria o forzada colaboran distintos productores, las necesidades de organización y disciplina naturales se hacen más complejas. Esto es así porque hay que distribuir el trabajo individual de cada persona para que forme parte armónica del proceso productivo. Es necesario que cada cual realice su tarea en el orden preciso y de la forma necesaria. Si en una construcción de un edificio los albañiles no guardan el orden y disciplina adecuados, los demás trabajadores de la construcción se encontrarán que les faltan o les sobran muros, si la falta de orden y disciplina se generaliza la construcción degenerará en un caos que la hará inviable.

Además, cada modo de producción posee unas relaciones de producción características que requieren un tipo concreto de orden y disciplina en el trabajo. En la medida en que se transforman los modos y relaciones de producción, también cambian las condiciones de orden y disciplina que se precisan. No es igual la disciplina y orden que se requiere en la comunidad primitiva, el esclavismo, el feudalismo, el capitalismo o en la sociedad socialista. En todos y cada uno de los modos de producción se requieren un orden y disciplina concretos y adecuados que imponen las correspondientes leyes de producción. De aquí se deduce que no es posible que se de una sociedad capitalista en la que no existan el orden y disciplina de la explotación asalariada. Igualmente, de aquí también se deduce que la disciplina y orden que requiere el trabajo asalariado pertenecen tan sólo a la etapa histórica de la producción capitalista, puesto que esta disciplina y orden del trabajo asalariado son cualitativamente distintas a la disciplina y orden que se precisan en la producción feudal o las que se dan en la sociedad socialista.

En la sociedad socialista no existe la explotación del trabajo de unas clases por otras y se tiende a la desaparición de la propiedad privada de los medios de producción (proceso que culmina en la sociedad comunista). Las personas que viven en esta sociedad siguen necesitando intercambiar materias con la naturaleza para asegurar su propia existencia y la de la comunidad, es decir, en la sociedad socialista el trabajo sigue siendo algo materialmente imprescindible. Este trabajo continúa necesitando objetivamente del orden y disciplina de los productores, pero ahora son un orden y disciplina conscientes: Los trabajadores participan en las decisiones sobre la planificación económica. La producción en este caso es social y la apropiación es también social. No existe explotación del trabajo ajeno. No puede, por tanto, mantenerse una producción socialista con una organización y disciplina capitalista (tal como pretendían los revisionistas en la URSS o los actuales dirigentes chinos), pero tampoco puede mantenerse una producción socialista o comunista sin ninguna disciplina y orden (en realidad no se puede producir nada en ningún sistema económico sea este comunal o clasista sin su orden y disciplina correspondientes).

La disciplina y orden del modo de producción capitalista garantizan la explotación obrera. Buscan únicamente la obtención de plusvalía a costa del trabajo ajeno. Para ello el capitalista se ve obligado a contratar obreros. De estas concentraciones laborales surgen los grandes núcleos industriales y las grandes ciudades, lo cual da lugar a otras actividades comerciales, de servicios, etc., que también precisan gran cantidad de mano de obra asalariada. De esta forma el orden y disciplina capitalistas dan lugar a una superestructura política y social que asegura la explotación de todos los trabajadores. Pero, al mismo tiempo, la organización y disciplina asalariada suponen la agrupación y organización de un gran número de trabajadores. El propio orden y disciplina capitalistas, a la vez que sirven para explotar a los asalariados, sirven para fortalecer y preparar a la clase llamada a aniquilar la explotación.

Cuando decimos que el proletariado es la clase social que está llamada a dirigir el proceso revolucionario no es por voluntarismo o solidaridad con los explotados, lo hacemos porque su papel en el sistema de producción capitalista determina que sea la clase objetivamente más disciplinada y organizada, aquella que no tiene nada que perder en la lucha, ya que sólo posee su fuerza de trabajo.


Extraído de Antorcha

viernes, 18 de diciembre de 2015

Imperialismo y petróleo

 El siguiente artículo que data del año 2008 (rápidamente os daréis cuenta) trata el tema de la importancia del petróleo para los países capitalistas.  Lo considero bastante actual pero se podría ampliar hablando de las nuevas guerras asociadas a la materia prima.
Tema clave y no tan complejo, por lo tanto se puede entender bastante bien.
Puntualizo que el tema central de éste texto no está desfasado y eso queda demostrado en el primer párrafo. No cuando habla de los gobernantes de dicho año.  Xosé de Acero



El petróleo es una materia prima estratégica cuyo control viene condicionando la política exterior de las grandes potencias imperialistas desde hace cien años, esto es, desde el mismo surgimiento del imperialismo como fase superior del capitalismo. Con el tiempo, el control de los pozos petrolíferos, en un contexto de escasez mundial y subida de precios, ha intensificado la rivalidad entre los países imperialista  (interimpialista).



En 2007 el precio del petróleo (y por derivación también el del gas) ha subido más de un 70 por ciento, que la prensa imperialista ha atribuido sistemáticamente al aumento de la demanda de China, lo cual sólo es cierto en parte.


Como muchas materias primas, el petróleo no se compra y se vende; tampoco se subasta como en las lonjas de pescado nada más llegar llegar el barco al puerto, sino que se cotiza en las bolsas internacionales. Eso significa que, como en el caso de las acciones, el precio es especulativo y depende de los movimientos internacionales del capital financiero. Se trafica con sus precios futuros a través de lo que se conoce como hedge-funds, fondos de cobertura de riesgos, lo que en la bolsa española se denominan derivados. Además, el petróleo se negocia en bolsas privadas, especialmente en dos: el NYMEX (Intercambio Mercantil de Nueva York) y el IPE (Intercambio Internacional de Petróleo) de Londres. Esas dos bolsas son propiedad de financieros internacionales y monopolios internacionales del petróleo. Por ejemplo, el presidente de IPE es Robert Reid, anteriormente ejecutivo de Shell.


Como reconoció el senador Byron Dorgan el 6 de septiembre de 2005 en referencia al negocio especulativo mundial de los hedge-funds: No existe el libre mercado. La cotización viene determinada por numerosos factores, entre los que la guerra y la política imperialista juegan un papel fundamental.


El precio del petróleo llegó a caer a ocho dólares el barril en la década de los 80 a causa de un acuerdo secreto entre Estados Unidos y Arabia Saudita para dar la puntilla a la Unión Soviética, dependiente de los ingresos petroleros. Durante la década de los 90, el promedio fue de 18 dólares y en 2007 rozó los 100 dólares por barril.


Del peso del petróleo en la política imperialista sólo hablamos habitualmente en los casos más conocidos: guerra de Irak, desestabilización de Chávez en Venezuela, golpe de Estado en Guinea, e incluso Chechenia. Ahora tratamos de exponer otros factores menos conocidos relacionados con el petróleo que, entre otras cosas, vuelven a demostrar la falsedad de las teorías neoliberales y globalizadoras. La economía imperialista está indisolublemente unida a la política imperialista y puede calificarse de cualquier manera, excepto de neoliberal.


El gasoducto germano-ruso

El comienzo de 2006 sorprendió a algunos europeos con el corte del suministro de combustible ruso en Ucrania. Una vez más las relaciones entre Rusia y Europa aparecían entorpecidas por la existencia de un nuevo telón de acero entre los antiguos países del Pacto de Varsovia, reconvertidos ahora en verdaderos peleles de Washington. Cualquier acuerdo enre Rusia y la Unión Europea tiene que saltar por encima de esa cuña de países que rodean a Rusia.



Por ese motivo el 8 de septiembre de 2005 Putin y Schröder firmaron en Berlín un acuerdo para la construcción de un gasoducto entre Rusia y Alemania a través de las aguas internacionales del mar Báltico.


El tramo submarino del gasoducto irá desde la ciudad de Viborg, al noroeste de Rusia, hasta la ciudad de Greifswald, al noreste de Alemania, tendrá una longitud de 1.189 kilómetros y conectará a Rusia directamente con Alemania, evitando el obstáculo terrestre de las repúblicas bálticas, Polonia y Ucrania.

El gasoducto empezará a funcionar en los próximos cinco años, con una capacidad anual de 27.500 millones de metros cúbicos. Un segundo gasoducto en estudio puede duplicar su capacidad; el costo de ambos será de 4.000 millones de euros. En su primera etapa será financiado por Gazprom, el principal monopolio gasístico del planeta (que equivale a las nueve empresas gaseras que le siguen en la extracción, incluidas las anglosajonas) con las alemanas BASF y E.ON. Para realizar el proyecto planean crear una empresa conjunta North European Gas Pipeline Company en la que Gazprom controlará el 51 por ciento de las acciones y BASF AG y E. ON AG, el 24'5 por ciento cada una.


En un momento en el que el petróleo del Mar del Norte está agotándose, existe la posibilidad de construir ramales hacia los países escandinavos, Suecia, Holanda y Gran Bretaña, estas dos propietarias de BP y Royal Dutch-Shell, dos de las cuatro principales petroleras anglosajonas del mundo. En su visita a Holanda el 2 de noviembre de 2005, Putin recibió ofertas de las principales empresas energéticas holandesas (Shell y N.V. Nederlandse Gasunie) para participar en el consorcio y profundizar la cooperación energética con Gazprom. El gasoducto germano-ruso se prolongará así hasta Holanda, en cooperación con Gazprom y BASF. Los bancos holandeses ABN Amro e ING financiarán parte de los proyectos relacionados con el gasoducto germano-ruso. Hasta la empresa italiana ENI se ha unido al proyecto.


Las implicaciones geoestratégicas del gasoducto germano-ruso son trascendentales. Rusia abastece la mitad del gas europeo y, por primera vez, Alemania tendrá acceso a los campos rusos que abastecen al gasoducto y se convertirá en un centro de distribución para alimentar al resto de Europa occidental con gas ruso. Pero no sólo será un polo de atracción de materias primas estrategicas sino también político, arrastrando a todos los países europeos. Europa occidental ve a Rusia como la única esperanza para asegurarse el suministro energético en las próximas décadas. El deseo de todos los países imperalistas de Europa occidental de participar en el proyecto del gasoducto noreuropeo y recibir más gas de Rusia está dictado por la búsqueda de la seguridad energética.


La obra encubre una alianza estratégica entre Rusia y Alemania. El periódico británico The Guardian (8 de septiembre de 2005) dijo que el gasoducto alterará la geopolítica de Europa del norte. Vytautas Landsbergis, miembro lituano del Parlamento Europeo, señaló que la nueva alianza germano-rusa tiene el propósito de cambiar el mapa político de Europa. El diputado lituano añadió que el gasoducto dejaría a los países bálticos y a Polonia a merced de Rusia; le faltó agregar: también a merced Alemania.


El presidente saliente de Polonia, Alexander Kwasniewski calificó al gasoducto germano-ruso como la versión gasística del pacto Molotov-Von Ribbentrop: Con el apoyo de Alemania, Rusia puede dominar amplios territorios y dividirlos como le plazca. La comparación es buena pero, una vez más, como en 1939, la oligarquía polaca no puede lamentarse porque su apuesta estratégica ha sido equivocada: Estados Unidos no les va a regalar nada porque tampoco tiene nada para darles.

Saldrán afectados los países bálticos, Polonia y Ucrania, quienes cesarán de percibir ingresos por el tránsito del gas en su suelo. Polonia ha quedado aislada, salvo que Lech Kaczynski, muy cercano a Francia, la tercera aliada del eje Rusia-Alemania, la saque del bloque anglosajón.


Ucrania se queda con el 20 por ciento del importe del valor del petróleo y gas de Rusia que pasa por su suelo: 13 por ciento por tránsito y 7 por ciento de gasto por mantenimiento de la presión del gasoducto. En Ucrania la revolución naranja se tambalea. Ahora quieren dar marcha atrás en su alineamiento con Estados Unidos simplemente porque no pueden pagar el combustible ruso a precios de mercado y es que la política exterior hay que pagarla... cuando tus aliados no te dan el dinero.

Con sus peleles en Europa del este, cae también la política estadounidense de cerco y aniquilamiento contra Rusia.


Los imperialistas de toda la vida son más listos que sus socios de última hora y saben bien que en estos temas no hay amigos sino sólo intereses. Durante su visita a Moscú, Malcolm Wicks, ministro de Energía británico, dijo que el abastecimiento de energía a Europa en las próximas décadas dependerá de las relaciones con Rusia, confesión proferida justamente después de la firma del acuerdo germano-ruso. El ministro británico se desvivió por acentuar la cooperación energética que entablará con Rusia.


Los intentos de torpedear el proyecto de gasoducto de Europa del norte pueden causar deterioro a la seguridad energética europea, dijo Putin en declaraciones a la prensa el 7 de octubre de 2005. El dirigente ruso manifestó que la ejecución de este proyecto no está dirigida contra terceros países. No pretendemos marginar a nadie del trabajo conjunto en el sector de energía en Europa. Pero a mi juicio, es contraproducente y nocivo politizar demasiado las relaciones económicas y espero que tales casos no se den en un futuro.


La economía europea está interesada en la construcción de la tubería de Europa del norte y es poco probable que prosperen los intentos de obstruir el proyecto, dijo Putin. Las afirmaciones de que es demasiado fuerte la dependencia de Europa de los agentes energéticos rusos no se corresponden con las realidades, destacó.

En referencia a Gran Bretaña, Putin dijo que actualmente el Reino Unido no importa gas natural ruso. No obstante, Rusia cubre el 13'1 por ciento de sus necesidades en petróleo, el 15'2 por ciento en productos refinados y el 23-24 por ciento, en carbón.

Además, el Reino Unido no sólo compra petróleo a Rusia sino también actúa como un socio importante en materia de extracción de crudo. La británica BP posee el 50 por ciento de las acciones de la rusa TNK-BP, una de las más importantes del país. Es más, un 25 por ciento del petróleo que produce BP se extrae en territorio ruso, destacó Putin, añadiendo que en 2010 Rusia cubriría un 10 por ciento de las necesidades de gas del Reino Unido.


China y el petróleo

Echar la culpa a China de todos los males del capitalismo mundial está de moda, desde el cierre de las fábricas textiles hasta la subida de los precios del crudo. Quizá los imperialistas prefieran una bancarrota económica del país asiático que obligue a millones de chinos a emigrar y plantarse en sus fronteras, como sucede con los chicanos en Río Bravo o los magrebíes en el Estrecho de Gibraltar...

Como para todas las grandes potencias, también para China el petróleo no es sólo un asunto puramente económico sino político y estratégico. Así sucede con Estados Unidos. Mientras en años anteriores el Informe del Pentágono sobre el poder militar chino se centraba en la amenaza de China contra Taiwán, en 2005 prestó mucha más atención a las implicaciones militares de la creciente dependencia China en petróleo y gas natural importados. El informe dice que la dependencia de recursos y energía extranjeros... está jugando un importante papel en la configuración de la estrategia y política china, y añade: Tales preocupaciones son un factor importante en las relaciones de Beijing con Angola, Asia Central, Indonesia y Oriente Medio (incluyendo Irán), Rusia, Sudán y Venezuela... La creencia de Beijing de que necesita estas relaciones especiales para asegurarse su acceso a la energía podría configurar su estrategia defensiva y la planificación de su fuerza en el futuro.

Las consecuencias son obvias: Estados Unidos tiene que reforzar su propio ejército en regiones clave productoras de petróleo para descartar cualquier intento de China por controlar estas áreas.


China también considera la escasez de energía una de las mayores amenazas a su seguridad y trata de diversificar sus fuentes de aprovisionamiento. Para saciar su sed de combustible, recurre al carbón, con el que satisface la mayor parte de sus necesidades energéticas, y desde 1993 es un importador neto de petróleo.

También ha diversificado geográficamente sus suministros de hidrocarburos. El problema es que se ha puesto a perforar pozos en países enfrentados al imperialismo estadounidense, como Irán, Sudán, Birmania y Zimbawe. Otros negocios petroléferos polémicos de China tuvieron lugar en Chad, Gabón y Nigeria, con el agravante de que China pagó parcialmente algunas de estas inversiones con ventas de armamento. Por eso Washington ha lanzado contra China amenazas y advertencias reiteradas.

Estos negocios con barriles y armas conllevan grandes riesgos políticos. Tanto Sudán como Irán están en la mira de Estados Unidos, que les impuso sanciones políticas, comerciales o militares. Estados Unidos trata de someter a China frenando su acceso al petróleo internacional y no ha dudado en utilizar para ello a la ONU. Los países con los que negocia China son poco recomendables y la ONU, como hizo con Irak, ya ha lanzado varias amenazas de imponer sanciones, entre ellas, como por casualidad, embargos de las exportaciones de petróleo. China sería el país más perjudicado por esos embargos.


Por ejemplo, China busca petróleo en Irán, un país al que Estados Unidos acusa de fabricar armas nucleares. Irán suministra el 13'6 por ciento de las importaciones petroleras de China. Allí las empresas estadounidenses tienen prohibido invertir más de 20 millones de dólares por año, mientras que empresas chinas han firmado contratos a largo plazo por 200.000 millones de dólares, lo que convierte a China en el mayor comprador de gas y petróleo iraní. La Corporación Química y Petrolera China (Sinopec), en sociedad con la multinacional Shell, tiene una serie de negocios en ese país de Asia central que podrían quedar bloqueados si la ONU impone sanciones.

Lo mismo sucede con el grupo de países africanos, de los que las importaciones chinas de petróleo representan un 25 por ciento del total.


Sudán es una pieza clave en el tablero chino ya que es actualmente la mayor base de producción de China en el exterior. Posee los recursos petroleros no explotados más grandes de África, incluso mayores que los del golfo de Guinea. Desde 1999 China perfora pozos petrolíferos, instala oleoductos, levanta refinerías y construye un puerto en aquel país africano. China National Petroleum Corporation tiene el 40 por ciento de las acciones en un consorcio que explora yacimientos petrolíferos y está construyendo una terminal de exportación con un costo de 215 millones de dólares. De lejos, Sudán representa la más grande inversión china en el exterior, por un total de 3.000 millones de dólares. La producción sudanesa alcanzó los 500.000 barriles diarios en 2005, pero esto representa sólo 15 por ciento de las reservas totales.


Sin embargo, este país africano está acusado de genocidio en la región de Darfur, donde unas 70.000 personas han sido asesinadas. La posibilidad de que la ONU aplique sanciones económicas a Sudán afectaría severamente al abastecimiento chino de petróleo. En setiembre de 2004 China ya frustró una resolución del Consejo de Seguridad que amenazaba con bloquear las exportaciones de petróleo de Sudán. El embajador chino ante la ONU aseguró que Beijing vetaría cualquier resolución que impusiera sanciones petroleras a Sudán. Sin embargo, el Consejo de Seguridad se comprometió a analizar la situación en la zona sudanesa todos los meses y, por lo tanto, podría adptar sanciones en cualquier momento. Si esas sanciones prosperan fracasarían las inversiones chinas y eso frustraría el proyecto chino de convertirse en un factor clave en el mercado internacional del crudo.


Por tanto, si la ONU sanciona a Sudán e Irán, China tendrá que buscar otras fuentes de abastecimiento, que están copadas por los imperialistas de siempre. En una visita a Beijing Putin dejó claro que el oleoducto de Siberia a China podría no construirse jamás. Moscú parece más interesado en instalar otro oleoducto que exporte crudo a Japón.


Pero esto es sólo una parte del problema...

A mediados de 2005 el gigante chino del petróleo Cnooc (Chinese National Offshore Oil Corporation) tuvo que renunciar a comprar Unocal (antes conocida como Union Oil Company de California) a causa de la histeria antichina que se levantó en Washington. A Estados Unidos el neoliberalismo le interesa muy pocas veces y Cnooc pertenece al Estado chino en un 70 por ciento.

La compra, si se hubiese consumado, hubiera representado la transacción más elevada hecha jamás por una compañía china en Estados Unidos. Chevron también quiso comprarla a principios de 2005 y es significativo que una multinacional china fuese capaz de ofertar un precio más alto que una poderosa empresa norteamericana para controlar una importante petrolera con base en Estados Unidos.

domingo, 13 de diciembre de 2015

100 años de ‘Materialismo y empiriocriticismo’

                                                                                   Publicado en el año 2008. Antorcha

Sumario:

— Introducción
— El estilo leninista
— En el periodo de las dudas
— La infinitud de la materia
— Reacción política, reacción ideológica
— La influencia del empiriocriticismo en el movimiento obrero
— Los trileros de la filosofía
— La teoría leninista del reflejo
— Crítica de la semiología idealista
— Bogdanov, los ‘otzovistas’ y la liquidación
— El partidismo en filosofía
— Notas

En febrero de 1908, hace 100 años, Lenin comenzó a redactar Materialismo y empiriocriticismo, que contiene su principal estudio filosófico, una obra extraordinaria sobre materialismo dialéctico. Hay muy pocos libros de nuestros clásicos dedicados específicamente a la filosofía, y éste es uno de ellos. Su subtítulo es Notas críticas sobre una filosofía reaccionaria porque en él Lenin combate en sus múltiples aspectos la filosofía mística burguesa, que corre paralela a la bayoneta en lo político, es decir, una tendencia a la involución propiciada por la incursión del capitalismo en su etapa imperialista.

El empiriocriticismo fue una ideología burguesa de alcance internacional. Surgido a finales del siglo XIX por impulso de los filósofos Ernst Mach (1838-1916) y Richard Avenarius (1843-1896), el empiriocriticismo fue una variedad del positivismo, con ingredientes kantianos, que tuvo la pretensión de convertirse en la única filosofia científica que, supuestamente, superaba la unilateralidad tanto del materialismo como del idealismo, aunque en realidad tras ella se ocultaba una teoría idealista subjetiva y reaccionaria. Como su propio nombre indica, se trataba de una ideología que volvía a refundir el empirismo de Hume con el criticismo de Kant. Su influencia fue enorme, tanto sobre la ideología burguesa como sobre determinadas corrientes del movimiento obrero internacional. Además, su penetración fue duradera en el tiempo. A través del Círculo de Viena, después de la II Guerra Mundial, Mach y Avenarius inspiraron a las corrientes neopositivistas anglosajonas del siglo XX, convirtiéndose en una tendencia ideológicamente dominante en el mundo entero.

Es muy posible que Lenin nunca hubiera entrado a refutar el empiriocriticismo si previamente éste no se hubiera infiltrado en el seno del movimiento obrero europeo. Esa infiltración tiene una relación inmediata con el revisionismo que entonces se abría camino en la II Internacional. Por medio de Bernstein y los austromarxistas, el empiriocriticismo pretendió refundar el socialismo para el nuevo siglo XX ya que –según ellos- Marx y Engels se habían quedado desfasados en el siglo anterior. Los dirigentes reformistas de la II Internacional trataron de hacer pasar el empiriocriticismo no como la última palabra de la burguesía sino como la última palabra de la ciencia. A través de lamodernización y la revisión del marxismo, buscaron influenciar la lucha del movimiento obrero en un sentido liquidacionista. No lo lograron gracias al contrataque de Lenin. Por tanto, Materialismo y empiriocriticismo continúa hoy, cien años después, al servicio del combate contra la ideología burguesa, contra el revisionismo y el dogmatismo, al servicio de la ciencia y de la transformación revolucionaria del mundo. Es un modelo de partidismo bolchevique en la batalla contra los enemigos del marxismo en el que se conjugan la pasión revolucionaria con una profunda comprensión de los últimos avances científicos.

El estilo leninista

Los comunistas no sólo nos diferenciamos de los demás por lo que decimos sino también porque sabemos lo que decimos (de lo contrario permaneceríamos callados). La superficialidad no tiene nada que ver con nuestro estilo de trabajo. En el libro que comentamos Lenin dice que si quieres conocer a tu enemigo tienes que ir al campo enemigo (1); es una metáfora para insistir en que no se pueden lanzar invectivas gratuitas y frívolas y que al adversario, antes de atacarle, hay que estudiarle a fondo, conocer su pensamiento. Una crítica superficial es genérica y, en consecuencia, no puede ser creíble porque la verdad es siempre concreta. Cuando no se ha leido a fondo o no se ha comprendido exactamente aquello que se pretende criticar, uno se critica a sí mismo, se aferra a las frases sueltas y ve gigantes donde sólo hay molinos de viento. El leninismo, como se demuestra en Materialismo y empiriocriticismo, es otra cosa diferente: un conocimiento completo de aquello que está combatiendo. Nuestros clásicos nos enseñan que en las luchas militares puede haber heridos y presos, pero en las luchas ideológicas no hay treguas, ni concesiones, ni medias tintas, y la única manera de lograrlo es informarse bien y exhaustivamente de aquello contra lo que estamos luchando. Por eso después del libro de Lenin el empiriocriticismo quedó bien enterrado dentro del movimiento obrero, de una vez y para siempre. Una crítica a fondo, implacable, impide que ese tipo de errores se reproduzcan una y otra vez, que se siembre la confusión y no haya manera de salir del pantano de las tertulias estériles.

Además, hay otras razones para proceder de esa forma. El proletariado, llamado a liberar de la explotación a toda la humanidad, es el legítimo heredero de todo el legado cultural de la historia, incluyendo el creado por la sociedad burguesa. No puede prescindir de la asimilación de la cultura del pasado: La misión de los marxistas -escribe Lenin- es la de saber asimilar y reelaborar las adquisiciones de esos ‘comisionados’... saber rechazar de plano su tendencia reaccionaria, saber seguir una pauta propia y luchar contra toda la tendencia de las fuerzas y clases enemigas nuestras.

Lenin realizó una vasta labor de investigación para detectar cada uno de los flancos de la lucha contra el empiriocriticismo. Previo estudio exhaustivo de todos los materiales publicados, empezó a escribir el libro en las bibliotecas de Ginebra: Me emborracho de filosofía, le escribió a Gorki. En mayo, para conocer detalladamente la bibliografía moderna sobre filosofía y ciencia, se desplazó a Londres, donde estuvo cerca de un mes entero estudiando en la biblioteca del Museo Británico. Consultó más de 200 libros y artículos de diversos autores, releyó las obras de Marx y Engels, así como los trabajos de Plejanov. Utilizó los estudios originales de autores ingleses, franceses y alemanes en sus propios idiomas; la mayoría de las fuentes que cita datan de fines del siglo XIX y comienzos del XX; pero hay también algunas anteriores, por ejemplo un libro de Fichte, editado en 1801. Además de los numerosos volúmenes de las obras de Hegel, Feuerbach, Fichte y Chernishevski, menciona muchos artículos publicados en distintas revistas. Por supuesto, leyó las principales obras de Mach y Avenarius, algunas de las cuales conocía desde 1904. En su libro cita las opiniones de otros autores sobre el empiriocriticismo y utiliza las más recientes publicaciones sobre ciencia de la época.

A finales de septiembre de 1908 el manuscrito estaba terminado en lo fundamental. El prólogo del libro tiene esa fecha. Lenin consideraba urgente editarlo cuanto antes: Es importante que el libro salga lo antes posible. Tengo no sólo importantes compromisos literarios, sino también políticos, que están vinculados con la aparición del libro. Apremiaba para que se editara el libro porque en junio de 1909 estaba convocada una conferencia de la redacción ampliada del periódico Proletari que, de hecho, constituía entoces la dirección del Partido bolchevique, en la que debía librarse el combate decisivo con los empiriocriticistas. En diciembre de 1908 se mudó de Ginebra a París, debido a que la edición de Proletari se había trasladado allí. En París trabajó hasta abril de 1909 en la corrección de las pruebas del libro.

Pero su publicación tropezó en Rusia con grandes dificultades. Tras la Revolución de 1905 algunas editoriales habían sido clausuradas a causa de la reacción del gobierno zarista y otras habían interrumpido su actividad. La censura conocía a Lenin y era difícil encontrar un editor que publicara su obra en medio de la represión policíaca.

Lenin escribió a Bonch-Bruevich, que trabajaba en la Editorial Zhizn i Znanie (Vida y Saber), fundada en 1907, pero como la situación de la editorial aún no se había consolidado no pudo hacer nada. Debido a dificultades financieras, tampoco pudo ayudarle Daugue, que había editado algunos libros filosóficos, entre ellos la traducción al ruso de las cartas de Marx a Kugelmann revisadas y prologadas por Lenin y los estudios de Dietzgen, entre otros.

Por último, gracias a la mediación de Skvortsoc-Stepanov, la editorial particular de Krumbügel, Zvenó, aceptó la obra.Lenin dio su conformidad a la editorial, aunque tenía pocas esperanzas de que el libro se publicara pronto, debido a la difícil situación existente. En las cartas a su hermana Ana le pedía que le enviara las pruebas de imprenta para corregirlas, introducir adiciones y evitar omisiones o errores. Le pidió también que formalizara cuanto antes el contrato y acelerara la publicación. Aconsejó a su hermana que, para evitar verse comprometida a causa de la censura, hiciese el contrato a nombre de él, pero el contrato fue firmado finalmente por ella.

Lenin autorizó al editor para que decidiera el seudónimo con el que debía aparecer el nombre del autor de la obra entre los tres conocidos en esa época: Lenin, Tulin e Ilin. Krumbügel optó por el último y explicó su elección con el argumento de que los dos primeros eran demasiado conocidos: un artículo firmado por Tulin (Contenido económico del populismo y su crítica en el libro del señor Struvé) había sido prohibido por la censura. Además, Ilin era el nombre más familiar para los lectores y el más adecuado para evitar la censura, ya que con esa firma se habían publicado las recopilaciones El problema agrario y En doce años, y se había editado dos veces el libro El desarrollo del capitalismo en Rusia.

Krumbügel destacó en sus memorias la preocupación de la hermana de Lenin por todo lo relacionado conMaterialismo y empiriocriticismo, fundamentalmente por su rápida impresión. Lenin, que criticaba con dureza en su obra a los revisionistas, pidió a su hermana que no atenuara sus expresiones y sólo a regañadientes aceptó algunas enmiendas. Leyó con cuidado las pruebas, lo que resulta evidente en las cartas a su hermana, a las que adjuntaba las listas de erratas y enmiendas; tenía en cuenta las observaciones de Ana, quien atendía las pruebas e insistió en que se apresurara la publicación del libro. Por fin Materialismo y empiriocriticismo vio la luz en Moscú en mayo de 1909, con una tirada de 2.000 ejemplares y Lenin quedó satisfecho con la edición.

El libro contribuyó a difundir en las filas del Partido bolchevique la filosofía marxista y ayudó al movimiento comunista internacional y a los obreros de vanguardia a asimilar el materialismo dialéctico. Fue reeditado por primera vez después de la Revolución de Octubre, en 1920, con una tirada 30.000 ejemplares. La edición no difería de la anterior, salvo algunas correcciones hechas en el texto.

En el periodo de las dudas

Desde los primeros tiempos del positivismo, aproximadamente a mediados del siglo XIX, el rechazo a la filosofía, con la excusa de un rechazo a la metafísica, es una constante del pensamiento burgués que se mantiene en nuestros días. Por ejemplo, escribe Carnap: Las diferentes ciencias han alcanzado actualmente muy desiguales niveles en el proceso de descontaminación de metafísica. Debido principalmente a los esfuerzos de Mach, Poincaré, y Einstein, la física se halla, en general, prácticamente libre de metafísica (2). El empiriocriticismo sigue al positivismo en este empeño que, en definitiva, es una renuncia a la concepción misma del saber como conocimiento de la esencia de las cosas. Ya hemos expuesto en otro artículo (Las 50 primeras páginas de ‘El Capital’) que el pensamiento burgués moderno se atiene a las apariencias, lo que el empirismo califica como sensaciones. Aparentemente el rechazo burgués de la filosofía se hacía en nombre de la ciencia, de la depuración de la ciencia de contaminantes ajenos a ella. Este rechazo también se maquilla como un rechazo del dogmatismo, si bien, como también es habitual, el positivismo rechazó la metafísica para sustituirla por otra de la peor especie.

Sobre todo en situaciones problemáticas, la ciencia no puede prescindir de las hipótesis y teorías filosóficas sobre la esencia de los fenómenos concretos estudiados. Estas hipótesis tienen un carácter filosófico y ponen de manifiesto el papel avanzado y pronosticador de la filosofía. En la Dialéctica de la naturaleza Engels observa que la filosofía llegó mucho antes que la ciencia a la comprensión de que la materia no puede ser creada. En los trabajos de Engels hay enunciados que anticiparon algunas concepciones de la ciencia. La dialéctica materalista ha criticado y critica la hipótesis de Einstein acerca de un espacio no infinito sino ilimitado (3), del mismo modo que critica la del big-bang, es decir, la hipótesis de un tiempo no infinito. Por lo demás, el estudio de esos conceptos generales (materia, infinito, movimiento) no corresponde a ninguna ciencia en particular sino que han sido desde siempre asunto de la filosofía.

A comienzos del siglo XX la pretensión de renunciar a la filosofía llegaba en el peor momento, cuando más se necesitaba de ella, a causa de la crisis de la física clásica. Como había escrito Engels, la física se transformó de ciencia empírica en ciencia teórica (4); además del cómo tuvo la pretensión de investigar el por qué. Cuando los filósofos renegaban de su saber, los científicos necesitaban de ella y esa necesidad les obligó a entrar en la filosofía, en la peor de las filosofías posibles. Algunos científicos (Poincaré, Einstein) cayeron bajo la influencia del empiriocriticismo y otros, como Ernst Mach, lo crearon. Refiriéndose a esos científicos metidos a filósofos, Leninescribió: Pero cuando se trata de filosofía, no se puede creer ni una sola palabra de ninguno de esos profesores, capaces de realizar los más valiosos trabajos en campos especiales de la Química, de la Historia, de la Física. Por esoLenin habla en su obra de un idealismo físico aludiendo a este fenómeno y recita todo un listado de grandes científicos que se convirtieron en desastrosos filósofos: Poincaré (gran físico y débil filósofo), Ostwald (gran químico y mediocre filósofo), Helmholtz (tan inconsecuente en filosofía como la mayoría de los naturalistas), Pearson (matemático y racista a la vez)...


Las condiciones de trabajo del científico en la sociedad capitalista lo empujaron hacia el idealismo. En el transcurso del siglo XIX al XX se crearon los grandes laboratorios científicos y la actividad científica saltó de la universidad a la industria, del aficionado al profesional, del artesano al obrero, de la vocación al profesionalismo. A veces se habla mucho de la aplicación de la ciencia a la industria, pero poco de la industria (y por tanto del capitalismo) a la ciencia. Los laboratorios Bell en Estados Unidos fueron creados por el gigantesco monopolio de las telecomunicaciones; en 1909 General Electric creó su propio laboratorio de investigación; el laboratorio criogénico de Leyden lo financió la industria frigorífica en 1884; el instituto Kaiser Guillermo de Berlín fue fundado en 1911 por la industria pesada alemana. Para Edison la ciencia aplicada era un negocio y había que inventar cosas nuevas que tuvieran utilidad comercial. Se fabrican conocimientos como se empezaban a fabricar vehículos: en cadena. Lo importante no era el descubrimiento sino la patente, por lo que también se inaugura entonces una nueva rama jurídica que es la denominada propiedad intelectual, el colmo de la propiedad privada, que ha dado lugar a litigios científicos, como el del láser, que se iniciaron en 1960 y aún no han terminado. Son muy numerosas las ocasiones en que los premios Nóbel de ciencia no reconocen la investigación sino el invento industrial, yendo a manos de ingenieros, como en el caso del transistor.

Al secreto industrial se le sumó el secreto militar. Con el imperialismo la tecnología y la ciencia aplicada empezaron a jugar un papel decisivo dentro del andamiaje del Estado monopolista, tanto en las empresas privadas como en los proyectos belicistas de las grandes potencias. El ejemplo más claro de ello fue aquella carta colectiva promovida por Leo Szilard y firmada por Einstein y muchos otros científicos, en la que se llamaba a establecer una relación permanente entre el Estado y los físicos nucleares para fabricar la bomba atómica. El proyecto Manhattan introdujo un nuevo tipo de científico a sueldo, con actividad planificada, medición de rendimientos y una administración al estilo de los grandes monopolios.

Estamos en el periodo de las dudas, dice Lenin en la obra. Es la época en la que surgen nuevas ciencias, como la genética, o están a punto de aparecer teorías tan renovadoras como la mecánica cuántica. La teoría de conjuntos y el formalismo se imponen en la matemática. Pero quizá la señal más clara de la crisis de la física fue la publicación por Einstein de sus dos artículos sobre la teoría de la relatividad, el primero de los cuales apareció en 1905 y el segundo en 1916. Lenin redactó Materialismo y empiriocriticismo justo entre ambas fechas, es decir, en medio de esa crisis teórica que, al mismo tiempo, debe comprenderse como una auténtica revolución científica.

Antes de la teoría de la relatividad se había descubierto que los átomos no eran indivisibles como había supuesto la física desde los tiempos de la Grecia antigua. En 1897 J.J.Thomson demostró que de ellos se pueden obtener otras partículas más pequeñas, que ahora se denominan electrones. Pero fue el descubrimiento de la radiactividad lo que de manera más concluyente acabó con la idea de indivisibilidad del átomo, porque llegó a su mismo interior, al núcleo. La radiactividad no dependía de la naturaleza de los átomos sino sólo de su núcleo. Cuando éstos son inestables, cambian o se desintegran emitiendo radiaciones, en forma de partículas o de ondas electromagnéticas. En 1895 Röntgen descubrió los rayos X y al año siguiente Becquerel observó que las sales de uranio emitían unas radiaciones que eran capaces de velar placas fotográficas en la oscuridad e incluso atravesar placas de aluminio y cobre. El matrimonio Curie descubrió otros elementos que también eran emisores radiactivos, aún más activos que el uranio, como el polonio y el radio. En 1900 Ernest Rutherford y Paul U. Villard identificaron en las radiaciones emitidas tres componentes distintos: unas partículas positivas (alfa), otras negativas (beta), los electrones que ya había descubierto Thomson, así como una radiación electromagnética neutra con una corta longitud de onda (rayos gamma).

El átomo parecía descompensado. La dimensión del núcleo es 100.000 veces menor que el diámetro de todo el atómo, por lo que éste parecía vacío o hueco. Por eso Poincaré hablaba de agujeros del éter como antes Newton había hablado del sensorio de dios. La materia no era compacta o maciza, como se había imaginado, ya que el núcleo es muy denso, concentrando casi toda la masa del átomo. El electrón tenía una enorme carga eléctrica en proporción a su masa y se podía mover con una rapidez mucho mayor, a velocidades fantásticas, que pueden llegar a aproximarse a la de la luz.

Pero la hipótesis de Poincaré sobre la desaparición de la materia se basaba, más que en la división de los átomos (radiactividad y electrones), en la elevada velocidad con que se desplazaban las partículas resultantes de esa división y, más concretamente, de los electrones, lo cual modificaba su masa (4). Sin embargo, la mecánica tradicional se había edificado sobre el principio general de la conservación de la masa, otro de los conceptos físicos seculares que se venía abajo. Newton había impuesto una concepción doble de masa creando una confusión que permanece en la actualidad:

— por un lado, la masa expresaba las propiedades inerciales y gravitatorias de los cuerpos
— por el otro, definió la masa como una medida de la cantidad de materia.

Esta última definición se viene arrastrando desde entonces, de modo que la materia, una categoría filosófica abstracta, se equipara con sus manifestaciones concretas y con una de sus propiedades físicas, la masa. Además, una vez identificada con la masa, la materia se opuso a la energía, concebida como inmaterial. Por ejemplo, Poincaré imaginaba que el atributo esencial de la materia es su masa (5), de modo que, si así fuera, tendríamos que considerar que lo que no tiene masa es algo distinto, espiritual o inmaterial. Pero de modo equivalente también podríamos imaginar que lo que no tiene aceleración, momento angular o espín, también es un espíritu, lo cual es absurdo. Una partícula de masa igual a cero es tan material como otra de carga eléctrica igual a cero.

Con su teoría de la relatividad especial, Einstein explicó en 1905 que a velocidades próximas a la de la luz, la masa no permanece constante y, con esta relatividad de la masa, la materia parecía perder otro sólido punto de anclaje. Pero, como dijo Einstein, el principio general de la conservación de la masa debía fundirse con el de la conservación de la energía y, por tanto, la masa inercial de un sistema de cuerpos cabe contemplarla precisamente como una medida de su energía (6). Ambos constituyen dos formulaciones del mismo principio físico, expresado en la ecuación E=mc2 según la cual hay una proporción entre la masa y la energía que permanece constante. A veces se interpreta esta ecuación diciendo que la masa es equivalente a la energía (y a la inversa), una formulación que no es muy exacta porque conduce a imaginar que la masa y la energía son idénticos, lo cual es falso.

Como la distancia es inversamente proporcional a la energía, a medida que nos adentramos en las profundidades del átomo, cuando las distancias se reducen, la energía aumenta, de manera que fuerzas que a escala ordinaria no son operativas, adquieren un relieve decisivo en los núcleos atómicos y, a la inversa. Así, las fuerzas gravitatorias, que son fundamentales a escala planetaria, carecen de incidencia en los movimientos nucleares y, por su parte, las fuerzas nucleares no resultan apreciables a una escala mayor:

regióndistanciaenergíaatómica10-8eVnuclear10-13106eValta energía10-16109eVaceleradores10-191012eV

En las regiones internas de los núcleos atómicos se verifica la ley de la transformación de los cambios cuantitativos en cambios cualitativos. La mecánica cuántica es una física de las altas energías. Para experimentar con las partículas subatómicas (fotón, electrón, neutrino) es necesario aplicar energías muy elevadas. En relación con esas energías tan altas es como si la masa fuera nula (7), es decir, que no es una propiedad que tenga una consideración tan importante como a escala planetaria. La teoría especial de la relatividad explica este fenómeno afirmando que a altas velocidades la masa se desdobla en dos y junto a la masa inerte o masa en reposo, que es la común en las dimensiones planetarias, aparece una masa en movimiento o masa relativista que, a diferencia, de la anterior crece a medida que la energía es mayor. Cuando los físicos afirman que la masa de una partícula es nula, se refieren a la masa inerte, lo que significa que esa partícula de alta energía sólo puede concebirse en movimiento, a elevada velocidad.

Por otro lado, que determinadas partículas, como el fotón, tengan masa inerte nula, no quiere decir que no sean materia porque tienen otra serie de propiedades físicas, como el espín o el momento angular, y su trayectoria se curva ante campos gravitatorios intensos, lo cual significa que sí tiene propiedades inerciales. El fotón es una forma de materia que se transforma en otra forma material, por ejemplo, en un electrón y un positrón. Por tanto, una partícula sin masa se puede transformar en dos partículas que sí tienen masa. También se verifica el proceso inverso, por ejemplo en las tomografías clínicas, cuando un electrón reacciona con su antipartícula, el positrón, formando dos fotones. El fotón no es, pues, energía que se materializa cuando se transforma en otra partícula, ni tampoco el positrón y el electrón se desmaterializan cuando se transforman en un fotón. En todas las transformaciones que se efectuan en la naturaleza, la materia pasa de una forma a otra diferente. Desde luego ninguna partícula de masa nula (como el fotón o el neutrino) se convierte por ello en un espíritu ambulante. La masa no es igual a la materia sino sólo una de sus propiedades.

La infinitud de la materia

Con la divisibilidad del átomo pareció esfumarse la última partícula de la materia. El desarrollo de la ciencia mostró el carácter limitado del cuadro físico del mundo que existía hasta entonces. Comenzó la verificación de una serie de conceptos elaborados por la mecánica anterior, cuyos representantes se mantenían, por regla general, en las posiciones de un materialismo espontáneo y metafísico, desde cuyo punto de vista los nuevos descubrimientos físicos eran inexplicables. La esencia de la crisis en la Física contemporánea -escribió Lenin- consiste en que se han desquiciado las viejas leyes y los principios fundamentales, en que se repudia la realidad objetiva existente fuera de la conciencia, es decir, en que se sustituye el materialismo por el idealismo y el agnosticismo.

En tiempos de Lenin, el electrón era la única partícula subatómica conocida, cuya inagotabilidad él pronosticó acertadamente. Partiendo de este principio, formuló la tesis de la infinitud de la materia: ayer, dice, la profundización del conocimiento humano no fue más allá del átomo, hoy no pasa del electrón y del éter, pero todos esos jalones son de carácter aproximado, no son más que ciertas etapas del conocimiento de la naturaleza por la ciencia en progreso:El electrón es tan inagotable como el átomo, la naturaleza es infinita, pero existe infinitamente, y este reconocimiento, que es el único categórico, el único incondicional, de su existencia fuera de la conciencia y de las sensaciones del hombre, es precisamente lo que distingue al materialismo dialéctico del agnosticismo relativista y del idealismo.

Los 100 años transcurridos desde que Lenin pronosticara la inagotabilidad de la materia han demostrado la consistencia de su tesis. Ninguna partícula subatómica es simple o elemental: Puede quedar anticuada, y envejece cada día, la doctrina de la ciencia sobre la estructura de la sustancia, sobre la composición química de los elementos, sobre el átomo y el electrón, dijo Lenin. La ciencia no ha llegado ni puede llegar al límite del conocimiento de la estructura de la materia porque la naturaleza es infinita y lo es también cualquier partícula suya. La tesis sobre la inagotabilidad del electrón es válida para todas las partículas subatómicas (protones, neutrones, hiperiones y otras) y los quarks descubiertos con posterioridad. Ahora se conocen cerca de 300 partículas elementales. Unas son ligeras (de ellas forma parte el electrón), otras son de masa intermedia, otras pesadas (nucleones) o superpesadas (hiperiones). Se ha establecido la transformación recíproca de las partículas subatómicas así como la existencia de antipartículas, formaciones materiales que por sus propiedades se parecen a sus simétricas, pero se distinguen de ellas por la inversión de su carga eléctrica u otras simetrías.

Ahora bien, la infinitud de la materia no significa que la divisibilidad de las partículas se pueda continuar de manera mecánica sino que se produce, como ya hemos dicho, un salto cualitativo, de manera que en las dimensiones nucleares operan leyes físicas diferentes que en escalas mayores, caracterizadas por las altas energías. Por ejemplo, la luz visible se compone de fotones cuya frecuencia es del orden de 5 a 7·1014 hertzios, que es relativamente baja. Como la energía de una partícula, según la ecuación de Planck, es directamente proporcional a la frecuencia (E = ђ·n), la energía del fotón de la luz visible es también baja y aparece distribuida en el espacio de una manera uniforme por unidad de volumen. Es como si hubiera muchos fotones con poca energía cada uno de ellos y el campo aparece entonces como algo continuo en el que cada fotón se disuelve y pierde su individualidad. Por el contrario, un fotón de alta energía se presenta con personalidad propia y choca con otras partículas produciendo efectos singulares, como el fotoeléctrico o el efecto Compton, que no se aprecian en las bajas energías. Entonces lo continuo se transforma en discontinuo.

La infinitud de la materia no significa que las partículas sean divisibles de la misma forma que los átomos. Lo que sucede con ellas es que, a causa de las altas energías nucleares, la mayor parte de ellas son inestables, tienen una vida media muy reducida y rápidamente se transforman unas en otras. El neutrón, por ejemplo, tiene una vida media de doce minutos, al cabo de los cuales se desintegra en la forma que ya expusimos en el artículo Todo afecta y es afectado por todo:

neutrón → protón + electrón + antineutrino

Las altas energías provocan interacciones muy fuertes que son necesarias para mantener cohesionado el núcleo, a pesar de la repulsión eléctrica de unos protones con otros. Pero la diferencia no es sólo de cantidad sino de calidad. Se trata de fuerzas muy grandes que operan en distancias muy cortas, superadas las cuales operan las fuerzas eléctricas. Éstas disminuyen más lentamente con el aumento de la distancia en una proporción que es la que establece la ley de Coulomb, es decir, con el cuadrado de la distancia:

interacciónvida media alcancegravitatoria¥ ¥débil10-6-10-10 s 10-15 cmeléctromagnética10-16-10-19 s ¥fuerte10-22-10-25 s 10-13 cm

Las fuerzas nucleares son muy superiores a las que inciden en las escalas ordinarias y, sin embargo, las partículas que están sometidas a ellas son muy inestables. Pese a esta inestabilidad, la solidez de la materia aumenta a medida que nos internamos en el núcleo y son necesarias energías cada vez mayores para vencer esa cohesión interna. Sin embargo, ese proceso no se puede continuar indefinidamente aunque se aumente la energía porque entonces las partículas ya no se dividen sino que se transforman en otras. Como había adelantado Engels, la operación puramente cuantitativa de una división tiene un límite en el cual se convierte en una diferencia cualitativa (8). Los cambios cuantitativos se transforman en cambios cualitativos.

Por tanto, parece evidente que la energía es la medida de la capacidad de movimiento y transformación de la materia. La cantidad de partículas que es capaz de engendrar un fotón aumenta con su energía, de donde puede deducirse que el aumento de la energía de la partícula es un aumento también de su complejidad y, en consecuencia, que la energía mide el movimiento de la materia tanto en su aspecto cuantitativo como cualitativo.

La física nuclear, pues, aparece con la ruptura de algunos de los postulados tradicionales del atomismo, las altas energías y las nuevas leyes relativistas. El atomismo siempre fue asimilado al materialismo y jamás encontró reconocimiento entre las corrientes ideológicas idealistas hasta que a finales del siglo XIX empezaron a quebrar sus postulados. Los idealistas siempre prefirieron las teorías continuistas, como la del éter misterioso que tuvieron acogida en las ideas físicas de impulso, fuerza, campo y luego en la de energía. No sólo Hegel, el mismo Faraday también dijo en su momento que las descargas eléctricas no eran una forma de la materia sino fuerza sin materia,espíritu puro. Cada descubrimiento científico de ese tipo levanta el ánimo de los idealistas. Ellos dividen el universo en dos partes irreductibles, materia y energía, presentadas como el cuerpo y el alma del mundo. El cuerpo es masa inerte y el alma la energía que lo mueve; la estática va por un lado y la dinámica por el otro; los principios de la mecánica de Newton dicen que un cuerpo se mueve cuando desde fuera se le aplica una fuerza que él, por sí mismo, no tiene. Cuando la noción de energía sustituyó a la de fuerza a mediados del siglo XIX sucedió lo mismo de siempre: la energía era una especie de ser inmaterial y no una abstracción científica que explicaba numerosos fenómenos hasta entonces considerados como dispersos como trabajo, calor, combustión y otros.

El fotón no tiene masa inerte y, además, es luz, pura energía, de manera que estaban lanzados todos los factores para retornar a una nueva mística: la luz contra las tinieblas materiales de la masa y la gravedad. A la luz se le añadían el fuego y el calor y todos los demás elementos tras cuya explicación confusa se había escondido el idealismo durante siglos. Ahora, bajo la expresión mágica de energía, se podían reunir todas las sectas misteriosas. Era un retorno a la teología con la forma de un energetismo reforzado frente a la materia impura que, por fin, había desaparecido. Además, frente a ella apareció la antimateria en forma de antipartículas, esto es, de partículas simétricas a otras que, combinadas, podrían dar lugar, hipotéticamente, a la formación de antiátomos, antimateria y antimundos. El choque de las partículas con sus antipartículas simétricas provocaría su transformación en fotones u otras partículas (mesones) de elevada energía, lo que para los idealistas es sinónimo de desaparición de la materia en forma de radiaciones.

A mediados del siglo XIX el físico alemán W.Ostwald declaraba que todo lo que existe en el mundo -tanto el espíritu como la materia- es energía. Decía que los procesos de nuestro conocimiento son energéticos, que nuestra conciencia energética crea un mundo energético. El energetismo considera que la energía es diferente radicalmente de la materia y que ésta se puede volatilizar en forma de energía. Según esta concepción, la energía no tiene necesariamente un soporte material y se puede hablar del movimiento prescindiendo del objeto físico que se mueve.

Como consecuencia de la interpretación que el propio Einstein dio a su ecuación E=mc2 en los manuales científicos es corriente en la actualidad leer que la masa se transforma en energía durante la desintegración del átomo, en el curso de la transformación de las partículas subatómicas y en otras circunstancias. Se expresa de esa manera para concordar el principio de la conservación (de la masa y la energía) con el defecto de masa que se experimenta, entre otras, en las fusiones nucleares: como la masa de un núcleo atómico es menor que la suma de las masas de sus componentes, en las fusiones nucleares ese defecto de masa se convierte en energía; así se salvaguarda también el principio de conservación.

Engels ya abordó el energetismo de Ostwald, cuestión que Lenin vuelve a reiterar en su obra, donde afirma que las tesis de Ostwald son puro idealismo, misticismo en el que dios ha sido sustituido por una cierta concepción -equivocada- de lo que es la energía. En este punto hay dos errores ideológicos que se alimentan enfrentándose entre sí:

— el mecanicismo, que considera la materia sin movimiento
— el idealismo, que considera el movimiento sin materia

Si el materialismo mecanicista lo reduce todo a masa, el idealismo lo reduce todo a energía. El energetismo de Ostwald forma parte de esta última tendencia. Es una forma de idealismo que separa el movimiento de la materia, que considera que sólo las ideas se mueven, que sólo el espíritu tiene un impulso dinámico separado de la materia. La dialéctica materialista, por el contrario, no reduce la materia ni a la masa ni a la energía. Ni la masa es energía ni la energía es masa. Tampoco separa a ambas porque considera que la energía es una forma de movimiento de la materia y como la materia está en perpetuo movimiento, no se puede separar uno de la otra. No se puede suprimir o reducir uno de los dos conceptos en favor del otro. La masa y la energía miden propiedades diferentes (y opuestas) de la materia: la inercia y el movimiento. Como ya hemos expuesto al aludir a los fotones, las transformaciones nucleares no significan identidad entre masa y energía; no hay transmutación de la masa en energía ni de la energía en masa; tampoco hay desmaterialización de la masa ni materialización de la energía sino la transformación de una forma de materia en otra forma de materia diferente. Por otro lado, la hipotética antimateria es tan material como su simétrica y las hipotéticas colisiones de la materia con la antimateria darían lugar a poderosas radiaciones que, si se observaran alguna vez, no serían más que otra forma de transformación de la materia. Únicamente existen transformaciones de la materia y las diferentes leyes se conservación expresan la infinitud de su movimiento, de su capacidad de transformarse, que nada ni nadie ha creado, ni nada ni nadie puede destruir. Por tanto, la materia no se mueve por fuerzas exteriores a ella misma.

De la desaparición de la materia los idealistas pretedieron pasar a la del materialismo. Entonces el idealismo intentó desplazar al materialismo de la ciencia e imponer a la física su explicación peculiar de los nuevos descubrimientos. Pero el materialismo no desapareció sino que cambió su forma con los nuevos descubrimientos, como Engels había señalado. Materialismo y empiriocritcismo es un buen ejemplo de eso. En su libro Lenin reflexiona sobre los últimos avances de la ciencia. Cuando comenzó la revolución en la física, fue él quien dio nueva forma a la dialéctica materialista.

Lenin también examinó en su libro otros problemas filosóficos de la ciencia como el principio de causalidad, la realidad objetiva del espacio y del tiempo como formas fundamentales de existencia de la materia y otros. EnMaterialismo y empiriocriticismo hay una síntesis filosófica de los nuevos descubrimientos de la ciencia, que Leninabordó pertrechado con el método más avanzado del pensamiento, que era precisamente lo que le faltaba a los físicos: la dialéctica materialista. Sólo con sus categorías se puede reflejar correctamente el movimiento objetivo de la naturaleza. Este método -por oposición tanto a la metafísica como al relativismo- insiste, como decía Lenin, en el carácter aproximado, relativo, de nuestros conocimientos acerca de la estructura y propiedades de la materia, en la ausencia de límites absolutos en la naturaleza y en la transformación de la materia en movimiento de un estado en otro, que es inconciliable con el primero.

Los nuevos descubrimientos en la física, lejos de refutar, respaldaban el materialismo dialéctico, al que conducía todo el desarrollo de la ciencia. Caracterizando su trayectoria, Lenin decía que la física contemporánea se encamina hacia el único método atinado, hacia la única filosofía certera de las ciencias naturales, no en línea recta, sino en zigzag, sin saber adonde va, sino por impulso natural, sin distinguir con claridad su ‘objetivo final’, sino acercándose a él a tientas, titubeando y, a veces, hasta reculando. La Física contemporánea está dando a luz. Da a luz el materialismo dialéctico(9). Por eso Materialismo y empiriocriticismo es un libro de plena actualidad.

Reacción política, reacción ideológica

Lenin escribió Materialismo y empiriocriticismo en un período de la historia de Rusia en el que la autocracia zarista, tras haber sofocado la Revolución de 1905, implantó en el país un brutal terror policiaco, cuando la reacción causaba estragos en el ánimo de la clase obrera y los revolucionarios: Abatimiento, desmoralización, escisiones, dispersión, apostasías y pornografía en vez de política. Reforzamiento de la inclinación hacia el idealismo filosófico; tendencias contrarrevolucionarias con ropaje de misticismo, así caracterizó Lenin la situación en Rusia después de la derrota de laRevolución de 1905. En la literatura y el arte la burguesía desató el culto al individualismo, el apoliticismo, el arte puroy la renuncia a las tradiciones democráticas y revolucionarias de la cultura rusa.

Pero la feroz reacción desencadenada allá no fue un fenómeno puramente local. En la época del imperialismo la burguesía viraba en redondo en todos los países, como decía Lenin, de la democracia a la reacción en todos los órdenes: en la economía, la política y la ideología. El revisionismo, y por tanto, el empiriocriticismo, tienen su origen en esa transición del capitalismo a su fase superior monopolista e imperialista. La justificación ideológica de la contrarrevolución y el resurgimiento del misticismo idealista marcaron su impronta en la ciencia, la literatura y el arte. En filosofía dominaban las formas más reaccionarias del idealismo que negaban las leyes objetivas del desarrollo de la naturaleza y la sociedad y la posibilidad de conocerlas. En otro artículo (El racismo, la plaga del imperialismo) hemos comentado que entre los empiriocriticistas estaba el matemático racista inglés Karl Pearson, al que Lenincalificó como uno de los discípulos de Mach más consecuentes y más claros [...] el más consecuente, el más hostil a los subterfugios verbales. Lo mismo cabe decir de otros, como el cuñado de Poincaré, Emile Boutroux (1845-1921), Pierre Duhem (1861-1916), E.Le Roy (1870-1954) o Hugo Dingler (1881-1954) que, con matices, cabe incluir dentro de la misma marea ideológica reaccionaria e irracionalista.

La reacción política está relacionada con la reacción ideológica. La religión es el aspecto más claro de esa reacción y tiene relación con la involución ideológica y política. La crítica kantiana de la razón no era tan pura como prometía, dejando una puerta abierta al misticismo. El idealismo es una filosofía que conduce a la religión: El idealismo filosófico no es más que una historia de fantasmas disimulada y disfrazada, decía Lenin. En los medios burgueses, sobre todo entre los intelectuales, se difundió ampliamente la búsqueda de dios, corriente religiosa y filosófica reaccionaria cuyos representantes afirmaban que el pueblo ruso había perdido a dios y la tarea consistía en encontrarlo. Esta tendencia religiosa es mucho más fuerte en un país de la tradición cultural de Rusia, de influencia ortodoxa y en donde las corrientes revolucionarias siempre estuvieron envueltas en un halo de misticismo, como es perceptible en su literatura. La religiosidad, además de su componente reaccionario, tenía también su sector de seguidores entre determinados campos de las fuerzas progresistas, un fenómeno que entonces estaba muy extendido. Hay que tener en cuenta que, además de la socialdemocracia, entre las fuerzas progresistas rusas había otras corrientes muy fuertes, especialmente entre la intelectualidad, como los eseristas. Era una especie de retorno a la época del socialismo utópico, cuando la crítica al capitalismo aún no había desplegado el carácter científico que le dieron Marx yEngels. En Saint-Simon y otros utopistas, el socialismo aparecía como una nueva religión, como un mundo perfecto e inalcanzable.

Los empiriocriticistas, sobre todo Lunacharski, intentaban hacer del socialismo un nuevo tipo de religión, considerando que en forma religiosa el socialismo sería más comprensible para las masas. Por tanto, era necesario mostrar la esencia reaccionaria del empiriocriticismo, defender el marxismo, esclarecer las cuestiones fundamentales de la dialéctica materialista, dar una explicación materialista dialéctica de los nuevos descubrimientos científicos.

Como variante del idealismo subjetivo, el empiriocriticismo trató de conciliar la ciencia con el fideísmo, porque el empiriocriticismo no es más que una forma refinada del fideísmo, que apresta todas sus armas, dispone de muy vastas organizaciones y sigue influyendo sin cesar en las masas, sacando provecho de la menor vacilación del pensamiento filosófico progresista. Materialismo y empiriocriticismo se convierte así en una obra de ateísmo proletario militante, basada en una consecuente visión del mundo científica -el materialismo dialéctico e histórico- e intransigente con cualquier forma de defensa de la religión.

Por tanto, en plena reacción política fueron los debates filosóficos los que aparecían en un primer plano. Leninseñalaba que, habida cuenta de la riqueza y diversidad del contenido ideológico del marxismo, en distintos períodos históricos destaca en primer plano uno u otro aspecto del mismo. En la época de Marx y Engels estaba planteada en primer plano la tarea de defender la comprensión materialista de la historia y la dialéctica materialista. En vísperas de la Revolución de 1905 tenía una significación primordial refutar las tesis económicas populistas y aplicar el marxismo a las condiciones de Rusia. Durante la Revolución de 1905 fueron las cuestiones tácticas las que pasaron a primer plano: se trataba de oponerse al oportunismo de los mencheviques. Después de la Revolución de 1905 se destacó en primer plano la filosofía marxista: No es casual que el período de la reacción social y política, el período cuando las ricas enseñanzas de la revolución están siendo ‘digeridas’, sea también el período en que los problemas teóricos fundamentales, incluidos los filosóficos, ocupan uno de los primeros lugares en cualquier tendencia viva.

La influencia del empiriocriticismo en el movimiento obrero

El empiriocriticismo fue una ofensiva ideológica de la burguesía que se convirtió en moda para un grupo de intelectuales oportunistas de la II Internacional que trataron de utilizarlo para liquidar no solamente la filosofía marxista sino el mismo marxismo como ciencia del proletariado. A finales del siglo XIX en toda Europa la influencia empiriocriticista sobre el movimiento obrero fue pareja a otras dos corrientes ideológicas, además del positivismo: la historicista y la neokantiana. A través de otros filtros intermedios, esas tres influencias forman, en realidad, una única porque el empirismo de Hume ya había sido asimilado previamente por Kant y el historicismo también estaba bajo la influencia del filósofo de Könisberg. Por su parte, Mach reconoció abiertamente que su punto de partida fue Kant y que llegó al empirismo de Hume a través de él. De manera pecisa, Bitsakis ha resumido así las influencias empiriocriticistas:

El empiriocriticismo y el positivismo de comienzos de nuestro siglo combatidos por Lenin constituyen una rama del gran árbol del idealismo subjetivo que, por mediación de Kant y Hume, y bajo múltiples formas reune el idealismo subjetivo y como consecuencia el de Berkeley. Para encontrar sus orígenes tenemos que remontarnos hasta el empirismo inglés del siglo XVII. Es interesante observar cómo el materialismo empirista inglés del siglo XVII, al conceder valor de la experiencia sensible, ha podido proporcionar argumentos a sus adversarios, el idealismo subjetivo y el agnostcismo, en el momento en que la experiencia, separada de la materia, fue considerada como la única realidad (10).

El neopositivismo de Mach y Avenarius se refunde de nuevo con el kantismo para eliminar el último residuo materialista de la cosa en sí, de manera que del viejo empirismo materialista inglés del siglo XVII ya no quedaba absolutamente nada, salvo el obispo Berkeley y su acólito Hume, es decir, idealismo subjetivo. Estas raíces ideológicas del empiriocriticismo pusieron a Kant en el centro de la batalla ideológica contra el reformismo a finales del siglo XIX. Como dijo Plejanov: La primera fortaleza en la lucha contra el materialismo está representada por todas las variedades posibles del kantismo (11). Dentro de la II Internacional los exponentes más importantes del kantismo, además de Konrad Schmidt y Eduard Bernstein, estuvieron en la socialdemocracia austriaca, especialmente en Max Adler (12). Pero este fenómeno no fue exclusivamente centroeuropeo sino que también apareció en Rusia entre la corriente que se denominó marxistas legales que encabezó Piotr Struvé. Bernstein fue un neokantiano confeso en filosofía: No se trata –decía- de retornar a la letra de todo lo que escribió el filósofo de Könisberg, sino sólo al principio fundamental de su crítica (13). Los reformistas eran críticos, pero no de la crítica marxista sino de la kantiana, que es muy diferente. En una carta a Gorki fechada el 31 de enero (13 de febrero) de 1908, Lenin indicaba lo siguiente: El materialismo, como filosofía, es acosado entre ellos en todas partes. Die Neue Zeit, el órgano más firme y más conocedor, se muestra indiferente ante la filosofia, jamás ha sido un partidario acérrimo del materialismo filosófico y en los últimos tiempos ha publicado, sin una sola salvedad, cosas de los empiriocriticistas [...] Todas las corrientes pequeñoburguesas en la socialdemocracia luchan, ante todo, contra el materialismo filosófico, tienden a Kant, al neokantismo, a la filosofía crítica. El neokantismo fue estimulado por la socialdemocracia alemana y austriaca, penetrando con mucha fuerza dentro del movimiento obrero. Por fin, la burguesía reconoció al marxismo como una teoría -otra más- para poder desvirtuarla mejor. Los llamados socialistas de cátedra lo introdujeron en las universidades y en los planes de estudio. Incluso en 1923 la burguesía alemana fundó y financió la Escuela de Frankfurt (Adorno, Marcuse, Habermas y otros), para difundir el kantismo como si se tratara de un marxismo auténtico, crítico y antidogmático a la vez. Era la plataforma filosófica del oportunismo dentro del movimiento obrero europeo, una tentativa abiertamente liquidacionista enfrentada al leninismo, a la Unión Soviética y a la III Internacional. Cien años después ese intento de penetración no ha cesado y se puede rastrear en la actualidad en todas las ofensivas de esos marxistas que a cada momento alzan la bandera antidogmática.

Max Adler, como todos los neokantianos, consideraba que la filosofía era una disciplina cultural que no versa acerca de la realidad, de la materia (natural o social), sino acerca del pensamiento exclusivamente. Ahí está el origen de esa hipertrofia de fetichismo y alienación que sacude los escritos de los modernos kantianos, donde la alienación es exclusivamente una alienación de la conciencia, de la conciencia de los demás (no de la suya), especialmente la conciencia de clase, que desaparece como por arte de magia para destacar su propio protagonismo crítico, que nunca va más allá de la teoría. Como buenos críticos, los kantianos ponen el acento en la epistemología y en la metodología, que es el colmo del egocentrismo burgués: los intelectuales hablando del intelecto, que es como hablar de sí mismos. A diferencia de los marxistas, los kantianos consideran que existen límites al conocimiento, que existe lo cognoscible y lo incognoscible y que, además, lo primero es inmanente y lo segundo trascendente, lo primero es el objeto de la epistemología y lo segundo es metafísica, esto es, repudiable por sí misma. Según ellos, el marxismo mezclaba elementos heterogéneos que debían ser separados, o lo que es lo mismo, neutralizados (eran neutrales o indiferentes unos de otros). Así, la política (marxista) era independiente de la filosofía (marxista), compatible con cualquier tipo de filosofía, del mismo modo que era compatible con cualquier clase de creencia o religión, que es siempre algo subjetivo y personal, radicalmente diferente de lo público, que es objetivo e impersonal. Al rechazar la metafísica, toda la filosofía, incluida la lógica, se reduce a epistemología y adquiere un carácter subjetivo porque lo inmanente no va más allá de nuestra propia experiencia (14). Los kantianos -y con ellos los empiriocriticistas- subjetivizan la ciencia bajo la apariencia de una epistemología omnipresente y seudocrítica. Su problema no es exclusivamente ceñirse al pensamiento sino, primordialmente, concebir éste de manera subjetiva. No hay verdadera ciencia, sólo opiniones. A partir de ahí todo es relativismo.

En la lucha contra el idealismo subjetivo y el agnosticismo, Lenin impulsó la tesis marxista de la cognoscibilidad del mundo. Su libro Materialismo y empiriocriticismo es una obra penetrada de la convicción en el poderío y la fuerza de la inteligencia humana. En su penosa bancarrota, hace ya más de un siglo que la filosofía burguesa no confía en la capacidad humana de conocer y comprender el universo y la sociedad, exponiendo sus vacilaciones, sus dudas y su pesimismo. No confía en esta capacidad humana porque tampoco confía ya en el hombre mismo y extiende a todo el ser humano lo que sólo es producto de su propia clase, de la burguesía decadente.

A diferencia del kantismo y todas las variantes del idealismo subjetivo, la dialéctica materialista no sólo restringe sino que amplía el radio de su investigación a las leyes más generales que conciernen tanto al pensamiento, como a la naturaleza y a la sociedad. El empiriocriticismo se presentaba con el aval de la nueva física pero el marxismo debía desarmarse en ese terreno, dejando el campo despejado a las interpretaciones místicas de la burguesía. La máxima repugnancia de los críticos la reservan para libros como la Dialéctica de la naturaleza de Engels porque, a lo sumo, admiten que concentremos nuestra atención sobre las ciencias sociales y la historia, que es el único terreno en el que ellos comprenden el marxismo. Éste sería una especie de rama de las ciencias humanas o de sociología. Identifican al marxismo con el materialismo histórico, y sobre todo con la historia. Donde no hay historia no hay movimiento ni, por tanto, dialéctica ni contradicción. Como la naturaleza no tiene historia, según dicen, hablar de una dialéctica de la naturaleza es absurdo. En consecuencia: sí al materialismo histórico, no al materialismo dialéctico.

Max Adler aplica al marxismo la tesis empiriocriticista acerca de la separación entre física y metafísica, afirmando el marxismo y negando la dialéctica materialista. Lo mismo escribió Bernstein: Las grandes contribuciones de Marx y Engels no se deben a la dialéctica hegeliana sino que fueron logradas a pesar de ella (15). El marxismo se podía asimilar por lotes, de manera que era posible ser marxista sin admitir ni su filosofía ni ninguna otra filosofía. Las tesis de los austromarxistas siempre han tenido mucha fuerza dentro de determinadas corrientes reformistas que pretenden hacerse pasar por marxistas, adoptando tesis diversas, como la negación de la dialéctica, en general o específicamente en la naturaleza, o bien considerando que se trata exclusivamente de un método, de manera que lo mismo que Marx y Engels aceptaron el método hegeliano pero no su sistema, ellos hacen lo mismo con el marxismo: aceptan el método pero no el sistema. Se trata de algo totalmente dialéctico: volver el marxismo contra el propio marxismo. Todas las críticas a la dialéctica que aparentan ser marxistas son en realidad kantianas. En ese sentido no es que el marxismo sea pre-crítico, como suele decir la burguesía, sino que es anti-crítico. Las acusaciones dedogmatismo que se vierten contra el marxismo, o contra algunos de sus defensores, como Lenin o Stalin, tienen todas ese origen kantiano y reformista: ellos califican como dogmático a todo aquel que es anti-crítico, naturalmente en el sentido idealista que ellos entienden la crítica. Por eso Lenin vincula su materialismo con Diderot y el siglo XVIII francés, afirmando que no hacía otra cosa que volver consciente el materialismo espontáneo, tanto de las masas como de los científicos.

Los trileros de la filosofía

En este punto es habitual entre los intelectuales cuasi marxistas una de sus falsificaciones históricas favoritas, según la cual existe un hilo conductor que tiene su origen en la II Internacional y Kautsky, caracterizado por una versión mecanicista, escolástica, evolucionista o naturalista del marxismo, que se transmite a Lenin y, sobre todo, a Stalin y al denostado diamat soviético, en general, donde –según nos aseguran- el marxismo se descompuso totalmente. Los revisionistas no admiten la dialéctica y, por tanto, no admiten tampoco los saltos dialécticos, de manera que no conciben ninguna ruptura entre la II y la III Internacional, tampoco entre Kautsky (e incluso Bernstein) y Lenin, ni tampoco entre la política socialdemócrata durante la Alemania de Weimar y la bolchevique de la Rusia soviética. Nada más y nada menos. Según ellos, todo eso va en el mismo paquete.

Frente a la vulgata procedente del Kremlin ellos oponen el auténtico marxismo de personajes como Lukacs y Korsch. Éste es el tipo de argumentaciones ridículas que encontramos entre la nueva izquierda de salón, verdaderos timadores profesionales para quienes no cabe diferenciar entre el marxismo y el antimarxismo, sino entre diversas corrientes marxistas, todas ellas válidas (excepto el perverso stalinismo), entre las que cabe distinguir un marxismo oriental y otro occidental (siendo éste superior a aquel), uno ortodoxo y otro heterodoxo (y éste es superior a aquel siempre).

Una elemental lectura de los textos –de todos ellos, no sólo de los que los revisionistas e izquierdistas nos quieren presentar- pone de manifiesto que frente a las tesis (de todo tipo) que la II Internacional comenzaba a promover, no hubo más que una única respuesta, que llegó de la mano de los orientales Luxemburgo, Plejanov y Lenin, a los que habría que añadir a un sureño como el italiano Antonio Labriola. Quienes como Lukacs y Korsch decían oponerse al revisionismo de la II Internacional, no solamente no eran marxistas sino que incurrieron en errores paralelos a los que decían combatir. Los izquierdistas iban de la mano de los derechistas. Intelectuales camaleónicos (como Lukacs) o nihilistas (como Korsch) y sus secuaces de la Escuela de Frankfurt, no estaban capacitados para abordar el problema del revisionismo y sus lacras teóricas porque ellos formaban parte de esa misma corriente ideológica burguesa, con la particularidad de que escribían en un momento más favorable para comprender la raíz del revisionismo, cuando ya había pasado la guerra mundial y había triunfado la Revolución de Octubre. Ni por esas.

Así, por ejemplo, frente al revisionismo Korsch adoptó posiciones equiparables a las que antes de Marx habían adoptado Bauer y los neohegelianos de izquierda: la crítica de todo, incluida la crítica de los críticos, esto es, el izquierdismo más delirante en la teoría y en la práctica. Por eso, aunque también se han destacado sus reminiscencias kantianas, ante todo Korsch fue un demagogo que siempre permaneció fiel al idealismo. Su izquierdismo encubre su reformismo, que mamó en las ubres de los fabianos, de los que formó parte mientras vivió en Londres. Luego, a comienzos de los años treinta, colaboró en la Sociedad de Filosofía Empírica entre otros con Philip Frank, Hans Reichenbach y Ludwig von Mises, es decir, con el Círculo de Viena, los herederos del empiriocriticismo, corriente a la que consideró aparentemente muy próxima al materialismo (16). Todavía en 1938 Korsch criticaba a Lenin por las mismas razones que Friedrich Adler: según él Lenin no había comprendido el punto de partida resueltamente materialista en que se basa la filosofía neopositivista. ¿No lo había comprendido Lenin o no lo había comprendido él?

Por su propia esencia, el positivismo es una filosofía radicalmente opuesta al marxismo, que se fundamenta precisamente en la negación del dato empírico positivo o dado, como hemos expuesto en ¿Dialéctica o teoría de las contradicciones?. La dialéctica materialista va más allá de la afirmación para descubrir su transformación en negación, en su opuesto, que es la clave de su evolución futura; va también más allá de las apariencias fenoménicas para penetrar en la esencia misma y las leyes que rigen el movimiento de las cosas, según hemos dejado también expuesto en Las 50 primeras páginas de El Capital.

En el movimiento obrero una tendencia derechista incuba, por reacción simétrica, otra de tipo izquierdista. El revisionismo de 1898 tuvo su complemento en el izquierdismo de 1920, propiciado por la guerra mundial y laRevolución de Octubre. La profunda crisis del capitalismo en su transformación a la nueva fase imperialista arrastró esos sedimentos, integrantes de un mismo ataque al marxismo desde dos flancos opuestos. Si contra el primeroLenin escribió Materialismo y empiriocriticismo, contra el segundo escribió El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo. Pero el marxismo superó su profunda crisis en el cambio de siglo no gracias a los libros sino fundamentalmente gracias a la Revolución de Octubre, esto es, a la práctica.

Los izquierdistas de la época también eran parte del problema y no de la solución. Las desviaciones revisionistas e izquierdistas no marcharon nunca separadas ideológicamente. Los derechistas como Bernstein y los izquierdistas como Korsch combaten al marxismo desde las mismas trincheras bajo la excusa de la ortodoxia o el dogmatismo. El núcleo central del pensamiento del izquierdista Korsch es el mismo que el del derechista Bernstein, a saber que después de la muerte de Engels la elaboración y el desarrollo ulteriores de la doctrina marxista debe comenzar con la crítica de la misma (17). Todos los postulados filosóficos de Korsh, sin ninguna originalidad, repiten los dogmas kantianos y positivistas: separa la ciencia (materialismo histórico) de la filosofía (materialismo dialéctico), de modo que equipara el tránsito de una a otra como el de la crítica al dogma. La ciencia social materialista de Marx no necesita ninguna fundamentación filosófica, concluye Korsch. La paradógica inclusión de Korsch dentro de las filas marxistas, a las que critica, procede de un equívoco: el de imaginar que son marxistas por escribir acerca de Marx y del marxismo. Como buenos kantianos, ambos renovadores también eran críticos y aplicaban algo que ellos creían que era elmarxismo a algo que también creían que era el propio marxismo y de ahí sólo podía resultar lo que resultó: la confusión y la liquidación.

Los críticos, como buenos críticos, imaginan que todo ese galimatías en el que nos pretenden enredar, es una cuestión teórica y, en consecuencia, que a una crítica le sucede otra crítica y a ésta una tercera, y así sucesivamente hasta que ya nadie pueda aclararse. En todas esas críticas los protagonistas son los propios intelectuales, criticándose unos a otros. Pero los materialistas consideramos que las teorías derivan de condiciones materiales (económicas, sociales y políticas), y nunca de sí mismas, que forman parte de la lucha de clases, en definitiva. Por tanto, pensamos también que no hay mejor crítica de una teoría que la práctica y que para ello hay que buscar las verdaderas raíces del embrollo crítico que por ambos flancos amenazaba con liquidar al marxismo hace 100 años.

Al marxismo a finales del siglo XIX le pasaba lo mismo que a la física: se había desarrollado tan contundentemente que había entrado en crisis, una crisis de crecimiento que debía resolverse en un salto cualitativo: el leninismo. El revisionismo tuvo su origen en el rápido crecimiento del movimiento obrero a finales del siglo XIX en Alemania, acompañado de la propia implantación en su seno del marxismo como teoría dominante. Con el monopolismo y la industrialización acelerada, el número de obreros crecía en los países más avanzados, integrando a grandes masas de campesinos y pequeños burgueses arruinados, a los que hay que añadir la aristocracia obrera, un sector privilegiado del proletariado que el imperialismo mantenía acomodado como soporte suyo gracias a una larga etapa pacífica de prosperidad que le permitió repartir dividendos y hacer concesiones. La asimilación del marxismo por estos nuevos obreros no podía resultar consecuente, sino parcial y vacilante. Los revisionistas surgen porque la burguesía se vio obligada a efectuar su labor de zapa desde dentro del propio marxismo; el peor enemigo del marxismo pasó a integrarse en sus propias filas. El triunfo ideológico del marxismo supuso que todo tipo de errores se deslizaran por su interior bajo la apariencia de una acérrima defensa de los principios expuestos por Marx y Engels: La dialéctica de la historia es tal -decía Lenin- que el triunfo teórico del marxismo obliga a sus enemigos a disfrazarse de marxistas (18). La entrada del capitalismo en su etapa imperialista también condujo a una crisis del marxismo de la que saldrá una revolución teórica, el marxismo-leninismo, y otra práctica, la Revolución de 1917.

Los revisionistas son agentes de la burguesía en las filas obreras, a los que hay que combatir sin descanso. Esta fue la tarea que Lenin se impuso, surgiendo con fuerza sus escritos en contra de esta nu

jueves, 26 de noviembre de 2015

Iosif "Stalin"

 Hay que levantar las verdades enterradas por la manipulación de la burguesía en sus medios de "comunicación" (o simplemente medios de propaganda). El caso de Stalin es una de ellas, de las mayores manipulaciones históricas, con cientos de mentiras que caen por su propio peso una tras otra haciendo el "efecto dominó". No puedes creerte lo que cuentan los medios tipo La 1 o History Channel (pongo estos ejemplos por la famosa basura de documentales que pasan) son ideas totalmente influenciadas y nada objetivas. Alguna de ellas está de sobra demostado que son inventos o mentiras mal contadas como podéis ver en la anterior entrada que he publicado,


 Un ejemplo claro y reciente (de manipulación) es el escándalo que se montó en Alemania cuando un periodista que recibía dinero desde la OTAN  (servicio de inteligencia de los EEUU) para mentir sobre la actual Rusia y sobre más casos, acabó confesando todo sacando un libro que se llama "Periodistas comprados" (por si queréis buscar más información).


 Yo también llegué a tragarme que Stalin era un sangriento dictador que machacada a su pueblo hasta hace 5 años. El motivo era que miraba aquellas basuras de documentales  de la CIA que también saben jugar con tus sentimientos, o también veía falsas biografías de historiadores manipuladores (con ver la portada ya es sufiente para darte cuenta de lo terrible que fue Stalin). Ya me consideraba comunista por aquel entonces,  aunque en este caso no tienes que ser comunista para no tragar con una manipulación de tal magnitud, sólo tienes que vivir con los pies en el suelo.  Contrastar información siempre y no os la dejéis colar.


 Por eso os dejo aquí una biografía (encontrada en Antorcha) que desde mi punto de vista está mucho mas cerca de la verdad en comparación a esa farsa propaganda burguesa. Podéis encontrar mucha información más que sea objetiva como el libro que he leído "Otra mirada sobre Stalin" de Ludo Martens. Después de leer esta biografía igual cambia algo vuestra opinión (como ya he conseguido hacer con otra entrada mía sobre Stalin). Hay quienes queremos rescatar la verdad y por ahora vamos contracorriente pero eso va a cambiar.


  Si sabes la verdad sobre la figura de Stalin ¡hazlo saber!  hazlo llegar a tu familia, a tu círculo de amigos o conocidos, que se note que hay otra opinión ya que ellos están empapados de manipulación e ideas preconcebidas. Explicar que hay mucha manipulación y porqué la hay, todo de una forma muy básica y vulgar (puede variar según la persona con la que hables).  Es posible lograrlo ya que hablo por experiencia propia, con un poco de calma basta.



Un comunista que no adopte posiciones de clase bien firmes frente a la información orientada, unilateral, trucada o falseada que difunde la burguesía, se perderá irremediablemente.

Xosé de Acero.





Iosif Visarionovich Dzhugashvili "Stalin"



Sumario:


  - Los primeros años

  - A la clandestinidad con 21 años

 -  La revolución de 1905

-  Plenos poderes del Comité Central

-  Al frente de la revolución proletaria

-  La salida de la guerra imperialista

-  Ministro de las Nacionalidades

-  El debate sobre la cuestión sindical

-  La construcción del socialismo

-  El pacto Molotov-Von Ribbentrop

-  La gran guerra contra el fascismo

-  La guerra fría





- Los primeros años


El 21 de diciembre de 1879, en el pueblo de Didi-Lilo, cerca de Tiflis, en Georgia, con un costado en el Mar Negro y otro en las montañas del Cáucaso, Visarion y Ekaterina Dzhugashvili, de origen alano, tuvieron un hijo al que llamaron José. El padre era un artesano zapatero muy pobre, analfabeto e hijo de esclavos que trabajaban el campo. Antes de José el matrimonio había perdido ya a dos hijos a causa de la miseria en que el zarismo había sumido a toda la población.



Su infancia la vivió en medio del hambre y las frecuentes palizas de su alcoholizado padre. Su madre, sirvienta, aportaba los escasos recursos económicos con la esperanza de que el joven José se instruyera. Tras terminar sus estudios básicos en una escuela local, cuando cumplió los catorce años, gracias a una beca, su madre pudo matricularle en el Seminario de Tiflis, que en aquella época era la única posibilidad de estudiar para los pobres. Sin ninguna clase de ingresos llevará allí una vida austera, dedicada por entero al estudio, revelándose como un alumno brillante.



Ya antes de la llegada de José Dzhugashvili, el seminario de Tiflis era un hervidero de propaganda marxista más que cristiana. Allí acudían los hijos de los pobres, con más conciencia de clase que vocación religiosa y se habían formado varios hombres llamados a desempeñar un papel en la historia de Georgia, como Noé Jordania, el fundador de la socialdemocracia caucásica que promovió toda la corriente reformista en su interior, y Cheidze, "el viejo zorro hipócrita", lo llamaba Lenin, presidente del grupo parlamentario menchevique en la Duma zarista y en 1917 presidente el soviet de Petrogrado. La enseñanza religiosa era ritual y limitada, e inferior en mucho a la enseñanza revolucionaria, por elemental que fuese ésta.



Georgia apenas tenía dos millones y medio de habitantes, un país pobre y desprovisto de medios de comunicación que sufría en aquella época varios yugos sobrepuestos. La administración rusa trataba a los georgianos como un pueblo conquistado. Entre privaciones y una opresión feroz, el pueblo georgiano se alzaba con revueltas periódicas que alimentaban el alma colectiva con relatos de la resistencia al invasor ruso del norte.



El ferrocarril de Bakú acababa de llegar a Tiflis; en torno a las primeras industrias mecanizadas nacía un proletariado miserable al que los estudiantes del seminario, fuertemente influidos por elManifiesto Comunista, aportaban con ardor un nuevo objetivo socialista. Los obreros y estudiantes georgianos vieron pronto en el Manifiesto Comunista un reflejo exacto de su propia situación, donde el capitalismo hacía brutalmente su aparición.



Dzhugashvili se volvió ateo en el seminario al estudiar a Darwin y, al leer el Manifiesto Comunista comprendió que había que organizarse y luchar por los de su clase. Pronto la rebeldía natural que incubaba su generación tomó en él una forma consciente. En 1895, con apenas 16 años, entró en contacto con los grupos de militantes desterrados en el Cáucaso.



En agosto de 1898 entra en Messamé-Dassi, el partido socialdemócrata georgiano con sólo 19 años de edad, formando parte desde el principio de la minoría revolucionaria, que ya por entonces se hallaba enfrentada a la mayoría conciliadora y reformista que encabezaba Jordania. Dentro de la organización se encarga de la redacción del programa de estudios de los círculos obreros, poniendo de manifiesto una gran preparación teórica e intelectual, un dominio muy amplio de las obras de los clásicos marxistas y una claridad expositiva capaz de hacer comprensible el materialismo dialéctico a los obreros que pocos revolucionarios han sido capaces de desarrollar. Comienza a impartir cursos de marxismo a los obreros avanzados, explicándoles El Capital, el Manifiesto Comunista y demás obras básicas de Marx y Engels que él había estudiado clandestinamente en el seminario.



En enero de 1898 asume la dirección del círculo marxista de los obreros ferroviarios de Tiflis. Entonces el movimiento obrero en todo el imperio zarista se reducía a esos pequeños núcleos que se reunían clandestinamente cuya única actividad era el estudio del pensamiento marxista. También empieza a conocer las primeras obras de Lenin.




- A la clandestinidad con 21 años


A causa de la extensa actividad política desplegada, Dzhugashvili comienza a ser muy conocido por la reacción y ello conduce a que el 29 de mayo de 1899, antes de finalizar sus estudios, sea expulsado del seminario.



En el verano de 1900 entra en contacto con V. Kurnativski, uno de los iskristas que Lenin envía a Tiflis para impulsar la difusión del periódico que debía llevar a la reorganización del Partido y a la lucha contra las tendencias economicistas y conciliadoras. José Dzhugashvili se pone inmediatamente a la tarea y transmite las consignas leninistas. Fruto de esa nueva línea, organiza en agosto una huelga masiva en los talleres ferroviarios de Tiflis, que señala el tránsito desde los círculos de estudio hacia la agitación y el trabajo político de masas.



En base a los círculos obreros existentes, Dzhugashvili comienza a sentar las bases del movimiento socialdemócrata georgiano y tejer lazos entre la teoría revolucionaria de vanguardia y el movimiento obrero. Lo mismo que Lenin en Rusia, Dzhugashvili en el Cáucaso comienza a salir del círculo estrecho de intelectuales y teóricos, por un lado, y de los economistas y practicistas estrechos por el otro, fundiendo la teoría con la práctica.



La policía le sigue los pasos de cerca. Estaba organizando la manifestación del 1 de mayo de 1901 en Tiflis y, para intimidarlo y obstaculizar su convocatoria, registran su casa el 28 de marzo. No lograron su propósito. La manifestación, con cerca de 2.000 obreros desfilando, es un éxito total, aunque acaba en un duro enfrentamiento con las tropas que costó 14 heridos y más de 50 detenidos, marcando toda una etapa dentro del movimiento obrero georgiano. En el número 6 de Iskra apareció la siguiente reseña: "Los sucesos que se han producido el domingo 22 de abril[calendario antiguo] en Tiflis, marcan una fecha histórica para todo el Cáucaso: apartir de ese día, un movimiento revolucionario declarado ha comenzado en el Cáucaso".



Se ve obligado a pasar a la clandestinidad, a vivir con documentación falsa, eludiendo siempre las persecuciones policiales y a expensas de los recursos de las organizaciones revolucionarias locales, primero en Georgia, luego en el Cáucaso y finalmente en toda Rusia. Aún conocido como Dzhugashvili fue considerado como un revolucionario "extraordinariamente peligroso", el más perseguido por la policía secreta zarista. Fue el bolchevique más veces encarcelado y el que más veces se fugó de las mazmorras, convirtiéndose en la auténtica columna vertebral del Partido en el interior de Rusia, en el ejecutor material de la política revolucionaria leninista en el corazón del imperio zarista.



No había cumplido aún los 22 años y, al igual que él, todos los revolucionarios se habían lanzado a la lucha contra la autocracia muy jóvenes, como jóvenes han sido siempre todos los comunistas. Y sin embargo, ya sabían de la clandestinidad, de burlar las pesquisas policiacas, de reunirse, organizarse y salir a la calle a enfrentarse con las tropas. En setiembre de 1901 promueve la publicación de Brdzola (La Lucha) el primer periódico marxista en lengua georgiana o, como decía él mismo en el editorial del primer número, "el primer diario libre de Georgia". Es el fruto de varios años de lucha interna contra la mayoría reformista dentro de Messamé-Dassi que encabezaba Noé Jordania, imprescindible para superar las concepciones economicistas estrechas que imperaban dentro de la socialdemocracia georgiana y pasar a la batalla política contra la autocracia. El periódico se editaba en Bakú en una imprenta clandestina



José Dzhugashvili, demostrando una vez más su sólda formación marxista, redactó los artículos de fondo más importantes del periódico. A Georgia llegaba el Iskra leninista, pero al estar redactada en ruso, los obreros no podían comprenderla, por lo que la aparición de Brdzola tuvo una extraordinaria importancia para el desarrollo del movimiento obrero caucásico. A diferencia de otros órganos del Partido, no se trataba sólo de un complemento local del Iskra con noticias de interés sectorial, sino un verdadero órgano central, en el que Dzhugashvili abordaba trascendentes cuestiones ideológicas y políticas de actualidad. Sin lugar a dudas fue con el Iskra leninista el mejor periódico socialdemócrata y, a pesar de que sólo aparecieron cuatro ejemplares, Lenin saludó efusivamente la iniciativa de sus camaradas georgianos, en cuya lucha contra el liquidacionismo coincidían totalmente.



En noviembre de 1901 es elegido miembro del Comité de Tiflis del Partido socialdemócrata, que le envía a Batum para desarrollar la organización entre los obreros de allá. En Batum instala en enero de 1902 una imprenta clandestina y redacta numerosas octavillas, artículos y comunicados de agitación que permiten organizar las primeras huelgas en aquella localidad. En una de ellas, durante una manifestación de 6.000 obreros celebrada el 9 de marzo, la policía dispara y asesina a 15 de ellos, hiere a 54 y detiene a cerca de 500.



Por medio de la dura experiencia de las manifestaciones los obreros van comprendiendo la necesidad de pasar de la lucha sindical a la lucha política contra la barbarie zarista, de la lucha contra el patrono a la lucha contra la burguesía como clase y contra su Estado.



Al mes siguiente (marzo de 1903) promueve en Tiflis una Conferencia para agrupar y coordinar a las diversas organizaciones socialdemócratas del Cáucaso que venían funcionando de manera aislada. Los diversos Comités se fusionan y adoptan el nombre de Unión Caucasiana del POSDR, adoptan el programa propuesta por Lenin en Iskra y crean un centro dirigente para el que eligen, entre otros, a Dzhugashvili, a pesar de que entonces se encontraba preso en Batum.



En efecto, había sido detenido durante una reunión del Comité del Partido de Batum que tenía como objetivo preparar dicha Conferencia caucásica. Le encarcelan y luego le deportan a Siberia, donde en diciembre de ese mismo año recibe una carta de Lenin.



La represión contra los bolcheviques no paraliza al movimiento obrero. Estando en prisión, en abril de 1903, aparecióProletariatis Brdzola (Lucha Proletaria), portavoz de la Unión Caucasiana, una revista clandestina que fusiona el Brdzolageorgiano con el Proletariat armenio, y que se difundía en tres lenguas con tres cabeceras diferentes: Proletariatis Brdzola en georgiano, Proletariati Kriv en armenio y Borba Proletariata en ruso.



En julio el POSDR convoca una huelga general en Bakú que se extiende inicialmente a Tiflis y luego se propaga como un alud por todo el sur de Rusia: Odessa, Kiev, Ekaterinoslav...



En enero de 1904 se fuga y tras un largo recorrido que dura un mes vuelve a ponerse al frente de la organización en Tiflis y de la redacción de Proletariatis Brdzola. Al regresar se había consumado la escisión dentro del Partido entre los bolcheviques y los mencheviques y él no duda en ponerse del lado leninista. Se traslada en junio a Bakú, disuelve la organización del Partido y la reorganiza de nuevo con la facción bolchevique al frente. Aunque se mueve ya por todo el Cáucaso, es en Bakú donde Dzhugashvili fija su residencia para luchar contra los mencheviques, consiguiendo convertir en una fortaleza bolchevique a esta ciudad de obreros de los yacimientos petrolíferos.



Pero la batalla contra el reformismo en el Cáucaso, que venía de atrás, no solamente no acabó ahí, sino que se prolongaría durante años. En abril de 1905 publica Vistazo rápido a las divergencias en el Partido, un ataque a la línea de flotación de los mencheviques que se tradujo al ruso y al armenio. La escisión multiplica su trabajo político: a la batalla contra el zarismo se une otra batalla, esta vez interna, con los mencheviques, por lo que Stalin se ve obligado a poner en tensión todas sus energías: en noviembre de 1904 agrupa a los bolcheviques caucasianos en una Conferencia de todas las organizaciones regionales; en diciembre organiza la huelga general de los obreros petrolíferos de Bakú; en setiembre redacta su primer artículo sobre un tema que, como integrante de la organización caucásica, le preocupará siempre de manera especial: la cuestión nacional.



En los confines de su imperio, el zarismo había ideado como método de dominación, el estímulo del odio y las matanzas entre las múltiples nacionalidades: armenios, judíos, georgianos, azeríes, tártaros, etc. Frente a esta situación, en todos sus escritos José Dzhugashvili defendió siempre de manera intransigente el internacionalismo proletario, la unidad de la clase obrera por encima de todo, así como el más escrupuloso respeto por la igualdad de todos los pueblos oprimidos y la reconquista de sus plenos derechos nacionales, incluido el derecho a la autodeterminación. Por ejemplo, cuando el 13 de febrero de 1905 se produjo un sangriento incidente entre tártaros y armenios provocado por la policía de Bakú, redactó un llamamiento: "¡Viva la fraternidad universal!"



El 13 de diciembre Dzhugashvili prepara otra huelga general en Bakú con la consigna de la jornada de ocho horas y aumentos salariales, entre otras. Fue un éxito total ya que obligó a la patronal, por primera vez en la historia de Rusia, a firmar un convenio laboral con los obreros.





- La revolución de 1905




Las provocaciones criminales y los incidentes raciales y religiosos se promovían en medio de la tempestad revolucionaria de 1905 y con el vano propósito de frenar el ascenso del movimiento obrero que se desató a lo largo de todo aquel año. Con la derrota de la autocracia en la guerra con Japón la situación en Rusia se agravó: los atentados, las huelgas, los motines militares se producen por centenares. El ejército, reprime despiadadamente las insurrecciones, hace pedazos el levantamiento de Moscú y encarcela al Soviet de Petersburgo.



Esta primera revolución produjo millares de combatientes, héroes y dirigentes del proletariado. Gracias a la actividad de Dzhugashvili, en el Cáucaso la tormenta tuvo tal violencia que arrasó con todo durante algunos momentos y la revolución gobernó en casi toda la región. Pero todo ese entusiasmo había que encuadrarlo, organizarlo, conferirle un programa y una dirección y Dzhugashvili demostró entonces sus extraordinarias cualidades de militante revolucionario, de organizador profesional. Supo combinar la agitación bolchevique con las necesidades organizativas de la vanguardia obrera, participando en noviembre en la IV Conferencia de la Unión Caucasiana y en diciembre en la Conferencia bolchevique de Tammerfors (Finlandia) donde conoció a Lenin y, aunque tenía una enorme estimación por sus tesis y había secundado siempre sus posiciones políticas e ideológicas, se produjo una tensa discusión entre ambos.



Lenin presidía la sesión y, visto el reflujo revolucionario, propuso participar en las elecciones parlamentarias a la Duma. Stalin con su fuerte acento sureño levantó la voz para oponerse y propuso continuar con la táctica de boicot. La mayoría de los pocos delegados asistentes se manifestó a favor de la propuesta de Dzhugashvili y alguien llegó a calificar de "crimen" la participación en las elecciones. Lenin reconoció que se sentía cómplice de ese "crimen" pero que dada su prolongada lejanía del interior de Rusia, no podía conocer el estado de ánimo de las masas, por lo que dejaba al criterio de los militantes del interior decidir al respecto. Por ello se aprobó la propuesta de Stalin, aunque resolvieron aprovechar las reuniones electorales para propagar la insurrección armada.